Ríos de pasión

agua y cielo

 

 

Soy una persona que ha tocado rara vez el cielo con las manos, pero lo he tocado en más de una ocasión. Soy una persona que rara vez ha tocado los subsuelos, pero también los he acariciado en más de una ocasión. He estado arriba, muchísimas veces, y he estado abajo puede que muchísimas más.

Quizás por ello, o quizás no, en mi fluyen miles de ríos más extensos y caudalosos que el más grande que se conozca en este mundo.

Tengo ríos de inmensa tristezas, de aquellos que parece que nunca se vayan a secar, pero que sorprendentemente, se secan mucho más rápido de lo que es habitual en otras personas. Ríos secos, pero que siguen sus apasionados surcos impresos en mi.

Tengo ríos que transmiten paz, cargados de aguas brillantes y cristalinas, llenos di vida y vivencias, ricos en todos los sentidos y que por suerte, no se han secado ni creo que nunca lo hagan porque empiezo por respetarlos.

Tengo en mi cascadas de ira, odio, de ganas de venganza, de agonías, de ganas que se haga justicia.. Llámenlo como quieran según sus conciencias se lo permitan porque las ganas de justicia no es más que venganza, odio o ira camufladas en palabras menos ardientes o políticamente correctas. Bien yo no lo camuflaré, tengo todas esas cascadas en momentos de mi vida, sobre todo cuando golpea fuerte o de forma injusta o cuando la infamia sobre mi persona o sobre mi familia galopa hasta lugares donde creías que jamás podría entrar una mala palabra sobre ti.

Tengo cascadas muchísimo más grandes que las anteriores, llenas de amor, de dulzura, de empatía, de buen hacer, de calor, de amabilidad y respeto, que por suerte, son mucho más grandes que las otras, y por tanto, impiden que me tome la justicia por mi mano, guardar un enfado demasiado tiempo, o albergar un rencor dentro de mí.

A pesar de que a veces en mi hay lluvias de mil mentiras, soy una persona honesta y sincera.

En mi casa, se hizo de todo para que tuviéramos estudios, los menesteres básicos cubiertos y la educación que sólo se puede recibir en una casa honesta de no hacer daño gratuitamente, no aprovecharse de nadie, ni ir con artimañas deshonestas para encadenar otras almas. Se nos enseñó a defendernos también y a no creernos ni más ni menos que nadie. y luego se nos dio el libre albedrío para hacer con lo aprendido lo que quisiéramos, según nuestra conciencia o según cómo se haya interiorizado esas enseñanzas y/o creencias.

Por todo ellos quizás soy honesta, directa y excesivamente sincera, sin pretender influenciar en nadie, pero sí dando pie a que las personas se piensen, se sientan, se perdonen y aprendan a vivir con ellos mismos sin las máscaras que hoy las sociedades, los profesionales y las nuevas modas nos obligan a  imprimir.

Cuando estoy triste lloro, y no me importa que las nuevas tendencias digan que no debamos de llorar, sino que hay que mirarse a un espejo y decir que fuerte soy, que maravillosa persona y que la divinidad está dentro de mí, o qué he aprendido de esto… a veces las cosas llegan sin enseñanza y lo mejor que se puede hacer es llorar para secar el río de amargura que se ha creado dentro de ti, o gritar, o correr sin parar, o decir cuatro cosas a los causantes de esa riada, y luego ya pensarás cómo, cuándo, por qué, y si realmente lleva una enseñanza, pero lo primero es secar el río antes que se haga más caudaloso o antes que te arrastre a cosas peores.

Tengo 42 años, a lo largo de mi vida, he dado mucho, quizás demasiado y lo que he conseguido es que sanguijuelas de todos los tamaños y colores, se aprovechen de mí y me manipulen a mí y al entorno como les dé la gana, incluyendo personas de mi familia… he tragado, he callado, he intentado razonar hasta que al final he dicho esta boca es mía (y a veces de forma no muy correcta, vomitando esos raudales que ha borbotones recorrían mi cuerpo), y por tanto, cuando exiges respeto pasas a ser la mala de la película. Pero estos 42 años, me han llevado a darme cuenta, que esos vampiros, siempre están ahí, y que por mucho que calles, quieras o ames, ellos jamás repararán en el daño que te hacen, porque ellos son el ombligo del mundo, y necesitan de tu sangre para sobrevivir, y cuando les falta la sangre, tú eres el usurero que les ha quitado su alimento para existir.

Sí, tengo 42 años, y he aprendido, que mi bondad hace que vaya, una, dos y también tres veces pero que el cansancio me puede, y ya no quiero, ni pierdo el tiempo más de tres veces con personas deshonestas, que se creen que sólo ellos tienen sentimientos, que se creen superiores y por ello con el bastón de mando para herir, justiciar, o adjudicar penas.

Con 42 años, no he perdido la capacidad de perdonar, pero si he adquirido otra mucho mejor que es la de alejar, de no tener miedo a que me juzguen injustamente, de no tener miedo a la soledad y que a la primera que debo respetar es a mí misma. Y he aprendido que con ello se ahorra una mucho tiempo y muchísimos dolores de cabeza, aunque no niego que a veces sigue doliendo por las personas que menos los merecen.

Con 42 años, he tenido todo tipo de riadas, de las que destrozan y se llevan todo a su paso, de las que refrescan y alegran, de las que te hacen respirar profundo, y de las que te hacen aguantar la respiración. Riadas que a veces te han hecho sentir que no puedes nadar más y quieres dejarte hundir, y riadas que a pesar de ser mucho más violentas te han hecho luchar con más garras y fuerzas.

Sí he tenido una vida intensa, y ávida de miles vivencias que no quisiera que pasaran los enemigos más grandes, pero también de aquellas tan genuinas y buenas que quisiera que todo el mundo las pasara aunque sólo fuera una vez.

He conocido en mi vida a un ángel, y a miles de demonios, de los cuales, los peores han sido los que se han escondido detrás de las palabras amor, soy feliz y no tengo penas (que contra más alto o veces lo dicen suele ser todo lo contrario), de Dios y de la bondad.. pero la luz de ese ángel, me insufló tanta vida, que por mucho que hayan querido desgarrarme, ahuyentarme, pisotearme, siempre he acabado en ese torrencial de amor que sigue en mi, a duras penas, magullada y a veces incluso un poco más muerta que viva, pero sea como sea, sigo ahí fluyendo.

Seré odiosa, por no camuflar las palabras, me borrarán, me eliminarán de sus vidas, y dirán cosas políticamente correctas o se inventarán cosas sobre mi vida por si se me ocurre acudir a algún conocido que no crean otras versiones.. pero la verdad, y todos los que se han enfrentado conmigo lo saben perfectamente, es que jamás juego con los sentimientos de nadie, soy clara en lo que quiero, doy más de lo que debería, no me aprovecho y nunca, nunca, hago a nadie lo que no me gustaría que me hicieran, no me vendo por dinero, ni posición social y prefiero mil veces vivir con trozo de pan duro y roñoso que coger el dinero que no he ganado.

Será quizás que también uno de mis ríos caudalosos va cargado de orgullo y honor, bien o mal entendido…  quizás sí, no lo sé, pero sea un defecto o no, nunca me arrastro ni para conseguir dinero, ni mucho menos para robarlo, ni para tener una familia, ni mucho menos obligar a nadie a tenerla, ni para tener una pareja o no,  ni siquiera para tener un mejor bienestar.. por eso si algo realmente me duele, es que haya personas que me ataquen y levanten calumnias en estos temas, que mancillen toda mi vida con palabras sin control cargadas de mentiras.

Tengo mil raudales, riadas, lagos y mares en mi, algunos secos otros no, unos beneficiosos, otros no, unos se desbordan cuando menos lo esperas y otros dan vida, pero tengo ya 42 años para decir a tantos demonios basta ya, conozcan sus riadas, sus prepotencias,  y no se inventen las mías, que bastante tengo ya con las que tengo, como para que se traigan sus tormentas inventadas o creídas, a mi ser.

Una respuesta to “Ríos de pasión”

  1. Sergi Says:

    Bravo

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