Un mensaje

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Un mensaje, algo tan leve, tan sencillo y que cambia tanto tu día.

Hoy en día, se tarda mucho más en escribirlo que el tiempo que tarda en llegar al destino, por tanto, puedes enviar un mensaje cada día al amigo que quieres, tu pareja, familiares.. resumiendo, a todo aquel que te importa algo, o te cae bien, y aún así, ¡qué pocas personas se toman cinco minutos del día para escribir algo bonito a quienes aprecian! y si no somos capaces de escribir un e-mail , whatsapp, o cualquier tipo de mensaje electrónico, mucho menos una carta.

En algún momento con tanto avance, con tanta velocidad, dejamos de ir despacio en todo, y siendo antes mucho más costoso, dedicábamos más tiempo en escribir, en saborear las cosas. Ahora parece que a la velocidad que va internet, a la velocidad que hace llegar un mensaje a su destino, a esa misma velocidad vivimos todo el resto del día.

Antes se escribían cartas de varias hojas, a mano, de puño y letra, y muchas veces, después de haber acabado la carta, la volvíamos a escribir a limpio, para quitar tachaduras, o aquello que no nos gustaba de la misma y añadir otras cosas que se nos habían quedado olvidadas en la tinta del bolígrafo. En algunas ocasiones, hasta nos parábamos a perfumarlas, y antes de llevarlas al buzón, les dábamos un beso, esperando que esa persona especial que la iba a recibir, percibiera ese perfume y ese beso invisible.

Si iba a ser la hora en la que recogían las cartas del buzón, corríamos como locos, para asegurarnos que llegara un día antes a su destino, que si era cerca, eran entre 2 y 3 días laborables, si eran nacionales, entre 4 y 5 y si el destino era el resto de europa o cualquier otro lugar del mundo, demoraban entre 7 y 14 días hábiles, y durante ese tiempo, rezábamos para que ese mensaje no se perdiera, por el camino.

Desde dos días después de mandar la carta, cada día deseabas llegar a casa para ver el buzón, a ver si ya teníamos respuesta. Sabias que era imposible, pero aún así, corrías ilusionada, y cuando por fin llegaba esa carta, saltábamos los escalones de dos en dos con el fin de llegar antes a la habitación para leer cada letra y saborear cada idea que quedaba dibuja tras unas palabras. La olías, la abrazabas contra tu pecho e inmediatamente contestabas, fuera la hora que fuera, para de nuevo, restarle al tiempo horas y que llegara antes a destino. Mientras, repetías todo el procedimiento y mientras no llegaba la siguiente carta, leías una y otra vez esa carta.

Se ha perdido todo ese romanticismo de una carta escrita con tu letra, la dulce e impaciente espera del cartero, el olor impregnado en el papel e incluso las lágrimas que, en ocasiones, se derramaban sobre él, y todo ese tiempo que se ha ganado con internet, no sirve de nada, pues casi nadie se para cinco minutos para escribir algo bello a un ser querido. Disponiendo de más tiempo, siendo más rápido, en vez de ser un avance, ha sido un atraso.

Un mensaje, algo tan leve, y que puede dibujar una sonrisa en tu día, pero ya nadie tiene tiempo de preocuparse de la sonrisa de otro.

2 comentarios to “Un mensaje”

  1. Antes sólo se escribían cartas, o una inmensa mayoría eran para decir cosas bonitas, pues como nos llevaban mucho tiempo elaborarlas, no perdíamos el tiempo para escribir cosas feas al otro.. sin embargo ahora, con lo rápido que es todo, y lo poco que nos cuesta mandar un mensaje, dedicamos más tiempo para mandar cosas desagradables que no palabras de aliento.

  2. leyendo hoy una de esas cartas.. necesito hoy uno de esos mensajes bonitos.

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