Tarde para un reloj (se paró un reloj)

 

velita de helena

 

 

No es un día de los habituales, aunque empieza como cada día.

 

Se levanta de su cama con los ojos medio cerrados, mete los pies en sus zapatillas mientras allí en un rincón ella la espera fría y blanca, impasible y cruel.

 

Algo se mete en su pecho, algo que la hace temer.

Qué es el miedo sino un intervalo entre la vida y la muerte.

Acaso cuando temes, ¿no dejas de vivir algo porque el temor te paraliza?

Sí, es un intermedio donde tu corazón palpita, es un intermedio donde caminas pero tus pasos solo te sumergen en desasosiego, en angustia que te arroja a manos de la dama que espera con ojos de fría plata.

 

Te levantas y un vaho sale de tus corales, que ahora casi no tienen color. Sientes ese frío dentro, de aquella que anda vacía porque alguien la destrulló. Sientes que tu máquina palpitante, casi ha cesado su latir, para ser acompasada y lenta, sin vida, sin luz, sin sangre.

 

Miras hacia el rincón, presientes unos ojos de acero azul clavados en ti. Piensas que siempre relacionaste el color azul de los ojos con la muerte, con la frialdad, con la crueldad. No ves nada, no ves a nadie. Si miraras más detenidamente verías el mármol verías ese azul. Ahora solo lo presientes mientras espera impasible el momento.

 

Observas tus pies mordidos por las zapatillas y de pronto rompes a llorar. Vuelves a mirar al rincón e imploras que venga ya a por ti, después de todo, nadie te amó, para todos fuiste un objeto, algo que usar.

 

Alguien te prometió alguna vez que os veríais en el infierno antes de salir de tu vida, pero el infierno no existe, ni siquiera existe el cielo, solo ese lugar, donde te vas con tus pesares y amores, con tus crueldades y tu bondad, esa tierra de esmeraldas donde la funda dejas atrás, y que no entiende de razón, solo te llevas lo que en el alma sembraste, los sentimientos: si fue amor, amor te llevas, si fue pesar, pesar te llevas. Allí sufres el pesar porque sientes angustia, opresión y como el alma no entiende de razón, jamás sabrás de dónde viene ese pesar.

Ese será tu castigo, si tu espada húmeda osó matar almas.

Ese será tu castigo, si tu egoísmo jugó con sentimientos.

 

Y temes, temes de nuevo.

 

Sabes que en tu reloj solo hubo minutos para el amor, que sus manillas se movieron al compás de las horas de quien amabas pero ningún tic tac, de ningún otro reloj fue para ti. Esos relojes, siempre se pararon en los tiempos de otras, se pararon porque ellas los sumergían en agua porque esos tic tacs les molestaban. Vinieron a ti oxidados, e incluso rotos, dañados, marcando sus minutos desconfiados, o no marcándolos, solo siendo transportados de un día a otro pero parados en el tiempo del desamor, que ellos denominaban amor.

 

El amor no echa agua, no oxida, no rompe, ni mata; el amor mutuo jamás se separa ni en cuerpo ni en alma. Los amores mutuos, siempre van juntos, como las dos manetas del reloj que aunque durante el día se separen, siempre hay 23 instantes donde se encuentran y el resto de minutos se pasan buscando el siguiente encuentro.

 

Vinieron a ti, echaste aceite a sus maquinarias para que volvieran a andar, limaste el óxido, y pegaste cada pedacito de cristal, diste cuerda para que caminaran, para que volvieran a palpitar, pero en el momento que ya no te necesitaban te dejaron atrás y sus manetas volvieron a girar, por otras que ellos decían lo merecían más.

 

Y si vas a la tierra de esmeraldas, llevaras mucho amor, pero con quién compartirlo, si nadie a ti te amó.

 

Miras hacia el rincón y deslumbras el mármol. No es mujer como todos aclaman, sino que es un bello y frío hombre. Extiendes tu mano, y pides que te salve de este mundo. Se acerca y seca tu lágrima recogiéndola en sus ramas pendidas de las manos. Con ella pinta sus labios de pureza y amor. El acero te mira como otros te miraron, solo que él no se disfraza de sinceridad y de amor. Sus ventanas parecen haber cambiado a un color más dulce, al color del chocolate, y las teclas blancas como luceros parecen cantar una sonrisa menos mortal.

 

Extiende la mano, temes, intentas retroceder, pero él penetra sus dagas en tu corazón que murió en vida, mientras su voz congelante dice: “Para qué lo quieres, hay diferentes formas de estar muerta, y ya lo estabas”

 

Se dibuja una sonrisa feliz en tu cara, y alargas la mano para rozar esa locura que parece menos frío y más humano. Paseas tu mano por su hermoso rostro, y saboreas con todos los sentidos, ese chocolate mientras te mira. Pero algo pasa, algo falla, no abandonas esa estructura para salir volando y sientes miedo de nuevo. Intentas gritar horrorizada, pero no sale grito alguno. Él te mira, y se desprende una lágrima de su cara, que cae en tus labios, mientras dice: “No puedo. Salpicado por tu fuego de amor, mi poder se hace pequeño, mi hielo se deshace. Nunca vi amor tan grande. ¿Cómo alguien pudo despreciarlo?”

 

Alguien llama a la puerta, miras desosegada a tu acompañante, y suplicas con la mirada: “Llévame, libérame de este castigo”. Él siente compasión pero no puede derrotar a algo tan poderoso. Te coge la mano y dice: “No te preocupes, deberías emprender el viaje, pero no entiendo que pasa”.

 

Te giras, otro intruso ha logrado entrar a tu cuarto. Él te mira, y parece verte solo a ti, mientras restas inmóvil en el suelo con lo que parece el último suspiro a punto de escapar.

 

“Qué te ocurre, no me dejes” grita el diablo que le arrancó el corazón, mientras acaricia su cascada morena. “No te vayas, no ahora que sé que te amo”

Se vuelven a escapar unas lágrimas de tus ojos, e intentas abrir la boca para contestar que tú aún lo amas. En el intento entra en el túnel húmedo hacia tu cuerpo la lágrima derramada por la fría estatua que está junto a los dos contemplando la escena. La diminuta se sumerge, y transportada por los ríos rojos es llevada al corazón, congelando todo sentimiento, acabando con toda pasión.

 

Lo miras por última vez con los ojos del amor, que poco a poco se vuelven verdes, traicioneros y llenos de rencor.

Él jugó contigo, te destruyó, solo dale lo que merece, destroza su alma como él contigo no dudó.

Miras con el último indicio de amor, a ese ser. Lo que hubieras dado porque llegara antes de que se congelara todo fuego; logras decir: “te amé como nunca”, te giras hacia la estatua y dices: “se está evaporando todo amor, todo sentimiento de bien, ahora que ya no hay fuego en él, arráncamelo antes que dañe a quien amé”

 

El verdugo por primera vez siente remordimientos, siente dolor, pero sabe que una vida sin amor es peor que la más cruel condena, y con lágrimas en los ojos vuelve a penetrar su pecho esta vez con resultado certero, y pensando ¿por qué no sequé mi lágrima? ¿Por qué ha dado su vida por no seguir amándolo?

 

Con el último latido le sonríe y le da las gracias por salvarla de la frialdad, por salvar del dolor que ella sufrió a aquel que a ella se lo infringió. Se gira hacia su amado y entre sollozos dice: “gracias por haberme amado”

 

Cae la mano del amor inerte, cae de rodillas el verdugo escondiendo el rostro entre las manos, entierra la testa el amado destronado en el pecho de tan bello ángel, mientras grita: “¿por qué no quise amarla antes? ¿por qué la herí de muerte? ¿por qué la humillé y rechacé? ”. El bello y ahora más humanizado verdugo replica: “porque destrozamos todo lo que nos viene grande”.

 

Él cree oír esa voz de ultratumba, y grita desesperado: “Cállate, es mía, desalmado, no te la vas a llevar” pero es tarde, ella ya es luz, ya vive.

5 comentarios to “Tarde para un reloj (se paró un reloj)”

  1. Lucha entre el amor, la mentira y la frialdad.

  2. Sabes querida mía, así me sentía hace un año, lo único que quería era que algo o alguien me rescatara de mi terrible existencia. ¿porque destrozamos todo lo que nos viene grande? esa reflexión, la ayuda de una gran psicológa y los consejos bloggeros me hicieron salir poco a poco. Así que creeme, entiendo perfecto lo que haces favor de regalarnos. Besos

  3. Bueno fue algo que salió de un escrito que realicé hace mucho tiempo. A veces las personas me cuentan cosas y hago historias con lo que percibo, otras, es a través de algo que me inspira.. ahora lo retoqué un poco y me puse en la piel de alguien que sufre de desamor.. en este mundo la verdad es que es fácil ponerse en esa piel porque lo raro es que alguien ame de verdad, así que casi todos hemos sentido eso.. pero en todo caso, es una metáfora. La mujer sería el amor, el novio la mentira, y la muerte sería la frialdad. La mentira y la frialdad siempre acaban con el amor incluso aunque intenten cambiar, cuando el daño ya es profundo y ha sido largo, eso es lo que intento transmitir.. por fuerte que sea el amor, a lo único que no sobrevive es a las mentiras y a la frialdad.

  4. esta muy bien echa es como una telenovela

  5. jajaja, gracias

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